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Antonio Pereira, entre la seda y el hierro


Estos apuntes, quizá porque no estuvieran destinados a ser publicados, ponen de manifiesto cómo era Pereira, su carácter, sus pequeñas vanidades y su gran sentido del humor.

Él fue uno de esos escritores que tenían una voz personal, auténtica, y no como tantos otros que solo parecen disponer de una estrategia para medrar.

Como un dietario se presenta este libro en la contracubierta, aunque en un par de entradas el autor dude de la adscripción a dicho género. Así, se refiere con displicencia a estas páginas como «diario o agenda o lo que sea», y en una de las entradas más interesantes, correspondiente a 1992, completa la reflexión: «No suelo pensar en por qué redacto estas notas, que no son lo que se dice un diario» (pp. 80 y 276). En realidad, han sido el semillero que alimentó libros misceláneos del autor, como La divisa en la torre (2007), donde ya aparecen recogidos algunos de estos textos, si bien presentados como cuentos o artículos. Sea como fuere, si a algún género clásico pudiera adscribirse este conjunto de prosas sería al diario, pues por su estructura y tono, cada una de las entradas aparece titulada, lo que no resulta frecuente, y fechada, de modo que es como lo recibirán buena parte de los lectores. Siguiendo con la definición de los géneros, le critica a Michel Tournier —asiste a una conferencia suya en 1992— que no aclare las diferencias entre conte, récit y nouvelle. Pero, al mismo tiempo, desaprovecha la ocasión de aclaranos qué pensaba él sobre este asunto. Y a tenor de lo que comenta, siguiendo el ejemplo de Las afueras, de Luis Goytisolo, un ciclo de cuentos, cree viable convertir unos relatos en novela.

El título del libro proviene del nombre de la sección que Pereira mantuvo en La Vanguardia entre 1969 y 1971, aunque no sepamos, puesto que no se aclara, si es obra del autor, fallecido en el 2009, o del editor del libro. Sea, en fin, de uno u otro, significa que Pereira se consideraba, o era considerado, sobre todo, un escritor de cuentos, opinión que comparto. A propósito de los títulos, en general, recuerda que Magritte defendía que el cuadro era igual a la pintura más el título.

Tampoco está fuera de lugar recordar ahora que su mujer, Úrsula Rodríguez, la U que aparece en sus textos, andaluza, de Jaén, que tanto cuidado puso en la preservación y difusión del legado literario de su marido, falleció en mayo del 2019. Apreciaba la pintura, por lo que compraron obras de Álvaro Delgado, autor de un conocido retrato de nuestro autor, de Cirilo Novillo, etc. Pero, además, en estos diarios aparecen pintores como Vela Zanetti, cuya obra admiran en un viaje a Santo Domingo, Orlando PelayoJuan Carlos Mestre (su mural en el Parador de Villafranca del Bierzo, que lleva el nombre de nuestro autor, quien, además lo protagoniza, bien merece un viaje), o en un comentario sobre la fascinación que le produce ver pintando a Modesto Llamas, para Pereira todo «un espectáculo».

Se ganó la vida como viajante y con un comercio de ferretería y electrodomésticos, llegando a hacer buen dinero, pero su vocación fue la de escritor. «Soy comerciante, me gano la vida vendiendo chismes de electricidad y aparatos eléctricos», comenta en 1970. Se sincera y comenta que vende sus artículos como su padre vendía las hoces. O, por último, confiesa sin empacho: «Soy reacio a los agentes literarios y ‘viajo’ mis propios productos» (pp. 17, 68 y 139). Quizá por juicios como estos, algunos de sus amigos lo definieran –creo que sin maldad— como un cazurro ilustrado. Esas y otras dualidades semejantes afloran en su existencia, pues vivió en la España profunda, en Villafranca del Bierzo (León), si bien tenía un piso en Madrid, en Argüelles; acudía en verano a las fincas de la familia de su mujer en Fuente Orozco (Jaén) o en Polop (Alicante), y durante un tiempo en Fuengirola (desde donde arranca el diario), pero le gustaba recorrer mundo, incluyendo los lugares más exóticos, descansando en lujosos hoteles, disfrutando de la buena vida, en una época en que ese afán viajero no era tan frecuente e inútil como lo ha sido en las últimas décadas. «Viajando se aprende. Navegar es el doctorado», apunta en el diario (pp. 71 y 86).

Esas experiencias, tan distintas, se manifestaban en sus obras de ficción. Por el diario conocemos el origen del cuento «Palabras, palabras para una rusa», uno de mis preferidos, cuya acción transcurre en Moscú, relato que le oí leer en el paraninfo de la UIMP, en Santander, pasando con creces la prueba que él consideraba definitiva, que se sostuviera al leerlo en voz alta. Pero también debo decir que en el diario le saca escaso partido a los viajes (decepciona, por ejemplo, lo poco que nos cuenta de una ciudad tan fascinante como San Petersburgo), aunque confiese que se hubiera quedado a vivir gustoso en Salzburgo, Marrakech o Mondoñedo, sin llegar a explicar por qué.

Pereira fue, en suma, un comerciante de éxito y un escritor, en distintos géneros, que luchó porque su literatura se difundiera, por ser reconocido, aunque me temo que solo lo consiguió en el ámbito de la narrativa breve, donde su obra ha sido muy apreciada. Quizá por ello comente en 1972: «A veces tengo la impresión de ser un poeta mal tratado. (No digo maltratado)», e insiste en 1984: «Creo injusto el relegamiento de mi poesía» (pp. 51 y 203). Y algo semejante debió de pensar sobre sus novelas.

El libro, que pide a gritos un prólogo explicativo («Si estos papeles míos se publicaran algún día, ya me gustaría anunciar yo mismo lo que son y sobre todo, lo que no son», p. 30), aparece dividido en tres partes, que responden a las décadas que transcurren entre 1970 y el 2001. En la primera fecha había publicado ya varios libros de poemas (El regreso, 1964; Del monte y los caminos, 1966; y Cancionero de Sagres, 1969), un volumen de cuentos (Una ventana a la carretera, 1967) y una novela (Un sitio para Soledad, 1970), en la que llegó a depositar unas esperanzas que no se confirmaron, si bien concursó con ella en el Nadal que ganó Álvaro Cunqueiro, sin llegar siquiera a finalista. En julio de ese mismo año, apunta: «Ahora mismo no se puede por nuestros pagos hablar de novelas sin tener presente el fenómeno de los hispanoamericanos». Y no mucho después, se atreve con esta sencilla pero atinada definición: «La poesía es una emoción recordada» (p. 28 y 73).

Pereira era un hombre liberal, y en cierta forma cosmopolita, por lo que llama la atención que votara en blanco en el referéndum de la Constitución, celebrado en 1978, quejándose de que se le diera demasiada cuerda a algunas regiones que se consideraban nacionalidades (p. 135); y las rancias amistades literarias que cultivó, con las correspondientes excepciones. Debió de ser consciente de ello, sin embargo, porque en 1986 comenta que le hubiera gustado relacionarse con Jesús Fernández Santos y su grupo, entre los que cita a Medardo FraileAldecoa y Sánchez Ferlosio. Mostró mucho aprecio por Luis Rosales y Leopoldo Panero, hasta el punto de que se sintió muy molesto con El desencanto, película a la que se refiere en el diario y sobre la que discutimos en uno de los primeros Encuentros de Verines. Y a ese respecto, me sorprende que no se refiera a ellos, al encuentro celebrado en 1987, dedicado al cuento, donde lo conocí, pues esa reunión debió de ser importante para él, como lo fue también para mí.

Le gustaban las tertulias, y frecuentó la del Gijón («En la ‘mesa de los poetas’ del Gijón no he oído jamás hablar de poesía», p. 176) y la de Ínsula, aunque luego se quejara de que en Madrid esos encuentros no le dejaran tiempo para escribir. Sus amigos pululaban alrededor de La Estafeta Literaria, revista rancia, mientras que él anduvo en Juegos Florales y jurados de premios de medio pelo, donde con frecuencia se topaba con los autores del régimen (por ejemplo, con Eugenio Montes, a quien —con ironía— dice envidiarle sus chalecos de fantasía), si bien tampoco faltan nombres que hoy ya son relevantes, como sus paisanos Victoriano CrémerAntonio GamonedaLuis Mateo DíezJuan Pedro Aparicio y José María Merino (con los tres últimos, actuó con éxito en los filandones iniciales), a cuyo trato y amistad podría haberles dedicado más espacio. Elogia al poeta, editor y traductor Enrique Badosa, a UmbralDelibesJuan Carlos Mestre y Antonio Colinas. Le rinde homenaje al sacerdote Antonio G. de Lama, uno de los fundadores de la revista Espadaña, en la que Pereira colaboró, y ¡cosa insólita! reconoce el trabajo de varios historiadores de la literatura y críticos literarios: Ricardo Gullón, Ricardo Senabre y Santos Sanz Villanueva. En cambio, no salen bien parados personajes tan distintos como Cela, González Ruano, Gimferrer, fray Justo Pérez de Urbel, Ramón Carnicer, Benjamín Palencia, Gerardo Diego, «los Labordetas«, e incluso con Carver se muestra reticente. Pero, al respecto, apostilla: «No hago sangre, a lo más [que] me quedo es en la ironía sin llegar al sarcasmo» (p. 300).

Estos apuntes, quizá porque no estuvieran destinados a ser publicados, sin someterlos antes a una estricta revisión («Si alguna vez pienso en su posible publicación, pronto caigo en que sería difícil vender el producto», p. 276), ponen de manifiesto cómo era Pereira, su carácter, preferencias e inquietudes, sus pequeñas vanidades (a lo Poirot, o casi), y su gran sentido del humor, según puede observarse en las preceptivas visitas que le rinde a AleixandreJorge Guillén Borges. A veces se muestra aprensivo, hipocondríaco o ciclotímico, pues reconoce que solía pasar del abatimiento a la euforia. Pero, además, confiesa: «Pierdo mucho tiempo en pijadas» (p. 261). No oculta lo mucho que le atraen las mujeres atractivas, hasta el punto de que se refiere a la cantante Massiel como «mi ídolo sexual» (p. 90). Apreciaba mucho la comida en compañía selecta, por ello nos cuenta que ha compartido mesa con presidentes de Gobierno, ministros y embajadores. Y cuando le preguntan para qué escribe, responde que «para comer y beber con los amigos» (p. 271).

Se observa también, en estas páginas, cómo en sus acercamientos al mundo literario no le falta un punto de escepticismo, de distanciamiento e ironía. Sobre esta, formula una teoría: «La ironía es arma oblicua, pero muy temida por el poder. Los opresores prefieren ser trágicos antes que ridículos» (p. 22). Se vale también de la socarronería, pues parece verle sus imposturas a todo lo que rodea al oficio de escribir, como si al fin y a la postre su mundo más tangible fuera realmente el otro, el de los viajantes de comercio y los ferreteros. Así las cosas, los que tuvimos el placer de tratar con él, solemos recordarlo con unanimidad como un hombre afable, muy divertido y un excelente narrador oral.

Antonio Pereira fue uno de esos escritores que tenían una voz personal, auténtica, y no como tantos otros que solo parecen disponer de una estrategia para medrar. También Pereira hizo lo posible por cobrar famar, pero me parece que sin demasiado tino, a la vez que reconoce su «impaciencia por publicar» (p. 66). No creo que sea este un libro para todos los lectores, aunque los amigos de Pereira disfrutarán, al reconocer en él sus historias, su voz, la manera que tenía de contar. Por último, no quiero dejar de llamar la atención sobre la excelente foto del autor que aparece en la cubierta, obra de J.A. Robés, pues nos muestra quién fue en esencia Antonio Pereira.

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Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporanea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario

Publicada en Infolibre el 05/06/2020

Las formas de lo que no es amor


FRONTERIZOS (4)
Néstor Mendoza

 El lugar de las palabras asume una postura discursiva, la segunda persona, para señalar un mal que se ensaña, o se ensañó, contra la autora: «tú que conociste todas las formas de lo que no es amor». Un diagnóstico médico, el menos favorable posible, es usado como insumo para escribir estos textos deliberadamente descarnados. Un proyecto de escritura en el que el motivo es la persona y su fragilidad. Pero no es una fragilidad alegórica: quien escribe padece y ve su vida amenazada por una patología real y no imaginada. La imaginación llega como testimonio creador (al recrear el peligro en el poema), o como una manera de dar fe de aquel proceso. Allí está la radiografía y la descripción que hace María Gómez Lara (Bogotá, 1989). El lugar de las palabras es un epíteto para no decir el lugar del cerebro donde se procesa (¿se produce?) el lenguaje. El lugar de las palabras, como nombre, quiere sugerir o encubrir. Quiere ser elíptico. Pudiéramos decir también: El hogar de las palabras. Lo que se propone la poeta bogotana es uno de los tantos esfuerzos por nombrar de nuevo, nombrar después de la batalla; en este caso, la estrategia para suprimir el corazón que crece en una parte de su cerebro. La poeta descubre que la acción de los verbos (la conjugación), y no el simple nombrar, es el recurso que puede salvarla: «qué curioso que el lenguaje se mida con acciones / que hacer sea más fuerte que nombrar / yo pensaba que las palabras más palabras / eran los nombres de las cosas». El lugar de las palabras se construye con poemas sin puntuación, la sintaxis facilita la enumeración de frases asociadas al dolor y al miedo. El decir de María Gómez Lara es terso, líquido, con vocación de cascada. En algunos casos aparece el relato sencillo de lo que ocurre o va a ocurrir en la sala de operaciones. La poeta intenta comprender qué sucede en su cerebro, en esa cicatriz con forma de corazón, y qué sucederá luego del tejido cerebral inflamado y la anestesia. Ella teme por sus palabras. No quiere perder ninguna. Perder las palabras como si se perdiera la propia vida. «También la verdad se inventa», escribe Antonio Machado, y pareciera la misma motivación que se plantea María Gómez Lara. La verdad no en un sentido de objetividad periodística. Una verdad que sólo compete a la autora y su entorno familiar, pero que al salir de los informes médicos y tratamientos e intervenciones quirúrgicas, pasa al ámbito de lo público. La literatura nace cuando escribimos y convertimos los prejuicios en tema. Cuando se convierten los dolores en tema. Volver al cuerpo: esto lo hace María. Vuelve con elegancia pero sin concesiones a su cuerpo, al mal que le diagnostican. Un tumor. Brain tumor unit.

Revista Altazor

Canto guanche – por Álvaro Valverde


Me entero ahora de que el pasado día 16 se fallaron los Premios de la Crítica Valenciana. En poesía, eran finalistas los libros: El dueño del fracaso, de Ramón Bascuñana; La mar desnuda, de Fernando Delgado; Llegar a casa, de José Iniesta; María Cambrils. El despertar de la conciencia, de Ana Noguera; Todas las batallas perdidas, de Joaquín Juan Penalva; Donde da la vuelta el aire, de Mila Villanueva; y Mis fantasmas, de Juan Pablo Zapater. Al final ganó el libro de Delgado. Porque, entre otras cosas, representa «la madurez de un escritor muy completo y diverso a la vez, y que en este caso nos muestra toda su destreza y maestría a través de unos elaborados y poderosos versos, con un ritmo grandioso y una sonora musicalidad», según el jurado.

Rescato esta reseña, que debió publicarse hace meses, sorprendido aún por la noticia. Los premios, ese misterio.

La mar desnuda

Fernando Delgado

Pre-Textos, Valencia, 2019. 100 páginas.

“Es norma generalizada que en España el que es poeta no puede ser otra cosa. O si uno escribe novela ¡ay de él si se le ocurre escribir poesía!”, comentó en una entrevista Antonio Colinas. Sí, aquí es difícil compaginar géneros y a cada escritor se le cataloga sin tener en cuenta esa alternancia. A Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) se le ha asignado, junto a la de periodista (fue director de RNE y premio Ondas), la categoría de narrador y, con serlo (ha publicado trece novelas y ganó el Planeta), también es autor de los libros de poesía Urgente palabraMísero temploProceso de adivinacionesAutobiografía del hijoPresencias de cenizaEl pájaro escondido en un museo  y Donde estuve.

La mar desnuda es un libro singular que reúne una primera parte de ocho poemas (acaso la mejor, donde aparece el mar –léase “La mirada del mar”, un diálogo con Sorolla– y los ríos; la carnalidad, el amor y el sexo; la Iglesia de algunos que toman el nombre de Dios en vano o la obra escultórica de Chirino) a la que sigue un extenso libreto para una ópera inconclusa que, como se explica, le encargó el compositor Rodolfo Halfter,” inspirada en la historia de un mencey guanche”, Tanausú, que “optó por la muerte en el mar a favor de su libertad y la de los suyos”. Conforman su estructura varias partes: la inaugural (“El agua vuela”) y cinco más, además de una final (“Epílogo”, esto es, “Paisaje de Millares”, el pintor de las arpilleras, donde el cuadro adquiere la condición de metáfora del relato).

Lo mítico, épico y telúrico –prima lo esdrújulo– se unen para cantar las hazañas del héroe. Abundan los nombres propios (de lugares, personajes o dioses) y las palabras clave: caldera, drago, mar, águila, isla, roque, volcán… Al lector le faltan acaso referencias, pues la teatral cantata carece de notas.

Por otro lado, la inspirada historia legendaria de los aborígenes guanches humillados por el ejército invasor de los Reyes Católicos de España puede que cause cierta fatiga en ese lector ahíto de imaginarias vindicaciones patrióticas.

Destacan, en positivo, más allá del indudable esmero del lenguaje, la fuerza del amor (entre Tanausú y Acerina: “que ya no vivo en mí / sino contigo”), la virtud del fracaso, la denuncia de la traición, la resistencia ante el destino y, sobre todo, el valor de la libertad.

El blog de Álvaro Valverde: https://mayora.blogspot.com/

XII Premio de Poesía Joven de Radio Nacional de España 2020


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DEBIDO A LA CRISIS SANITARIA PROVOCADA POR LA COVID 19, RNE Y LA FUNDACIÓN MONTEMADRID HAN ACORDADO LO SIGUIENTE:

– AMPLIAR EL PLAZO DE RECEPCIÓN DE LAS OBRAS HASTA EL 6 DE JUNIO.

–  SE ADMITIRÁN LAS OBRAS QUE SE ENVÍEN ÚNICAMENTE POR CORREO ELECTRÓNICO, ANTE LA POSIBILIDAD DE QUE NO SE PUEDAN ENVIAR EN PAPEL POR CORREO ORDINARIO.

– EN EL CASO DE QUE LA OBRA SE ENVÍE ÚNICAMENTE EN FORMATO DIGITAL, SE DEBERÁ ADJUNTAR OTRO ARCHIVO (PDF) CON LOS DATOS DE LA PLICA

Consultar aquí las bases completas:

BASES XII PREMIO POESÍA JOVEN RNE-FUNDACION MONTEMADRID 2020

Plazo de entrega:  6 de junio de 2020

Ver todos los libros ganadores de las ediciones anteriores.

La colombiana Amalia Moreno gana el 41º Premio de Poesía Arcipreste de Hita


El Premio consiste en la publicación de la obra ganadora por la editorial Pre- textos

La poetisa colombiana Amalia Moreno ha logrado alzarse con el Premio de Poesía Arcipreste de Hita en su 41º edición. Su trabajo Tal vez hoy sobre mañana ha sido el elegido por el jurado del certamen entre un total de 40 poemarios presentados. El premio, convocado por el área de Cultura del Ayuntamiento de Alcalá la Real, para menores de 35 años, consiste en la publicación del libro por la editorial Pretextos. La convocatoria, cuenta a su vez con la colaboración de la Fundación Caja Rural de Jaén.

El jurado, compuesto por los poetas Vicente Gallego y Tomás Hernández y el editor de Pretextos, Manuel Ramírez, ha valorado «la soltura del escrito, casi con desparpajo, y la temática que maneja, con poemas que se debaten entre la amarga ironía y un vitalismo que hace de lo malo pan del día, pues amor y sufrimiento son las dos caras de nuestra condición» según Gallego, presidente del jurado.

El concejal de Cultura, Juan Manuel Marchal, ha detallado que se han recibido obras procedentes de Colombia, Inglaterra y distintos puntos de España, como Tenerife, Madrid, Zaragoza, Orense, Pontevedra, Salamanca, Málaga, Cantabria, Córdoba, Jaén, Barcelona, Valencia, Sevilla y Cádiz, Sobre la ganadora, el edil señala que «Amalia Moreno ha escrito un libro difícil de etiquetar, pues renuncia a casi todos los estilismos tradicionales de la poesía».

Tal vez hoy sobre mañana es un libro diferente que muestra lo más desvalido del ser humano, con voz propia y vigorosa. Su autora, Amalia Moreno, nació en Medellín en 1988. Cursó la carrera de Estudios Literarios en Bogotá. En 2015 publicó su primer libro Los 16 motivos del lobo. Sus poemas han sido incluidos en importantes antologías de poesía contemporánea en Colombia, además de en revistas culturales, académicas y de difusión digital. Ha participado en diversas lecturas en la Feria del Libro de Bogotá, de Medellín y en el festival internacional de poesía «Las Líneas de su mano». Actualmente trabaja en su próximo libro y en proyectos plásticos.

XXVIII Premio Juan March Cencillo de novela breve 2020


Debido a las circunstancias por las que atraviesa nuestro país, la Fundación Bartolomé March Servera amplía el plazo de entrega de los originales que se presenten al XXVIII Premio Juan March Cencillo de Novela Breve, hasta el 15 de mayo de 2020.

La Fundación Bartolomé March convoca el XXVIII Premio Juan March Cencillo de novela breve, dotado con 12.000 euros.

Consultar las bases completas: BASES XXVIII PREMIO NOVELA 2020

Plazo de entrega: 15 de mayo de 2020

Ver todos los libros ganadores de las ediciones anteriores.

El Ayuntamiento de Estepona y la Fundación Manuel Alcántara comienzan el plazo para adjudicar el I Premio de Novela Ciudad de Estepona


Este certamen, cuya primera convocatoria ha superado con creces las previsiones de novelas presentadas, nace como uno de los más importantes a nivel nacional, con una dotación de 25.000 € a la obra premiada.

De izquierda a derecha: Antonio Pedraza, José María García Urbano y Pablo Aranda el pasado mes de septiembre, en el acto de presentación del I Premio de Novela Ciudad de Estepona.

Comienza el plazo para la revisión de novelas presentadas en la convocatoria del I Premio de Novela Ciudad de Estepona, que cuenta con una dotación de 25.000 euros a la novela que resulte ganadora.

El Premio de Novela Ciudad de Estepona nace con el objetivo de apoyar y estimular la creación literaria premiando la mejor novela entre todas las obras presentadas, que será publicada por la prestigiosa Editorial Pre-Textos. De la colaboración entre ambas instituciones, por tanto, se crea uno de los galardones literarios con más proyección en todo el territorio nacional.

Esta primera convocatoria ha superado con creces todas las previsiones, habiendo sido aceptadas un total de 328 novelas hasta el día 15 de diciembre, fecha de cierre de plazo de presentación. La convocatoria ha traspasado las fronteras del territorio nacional, habiéndose presentado obras desde toda Europa, Estados Unidos, Sudamérica, Canadá y África. Desde ese momento, se están estudiando los trabajos recibidos para que el jurado haga público el fallo en abril de 2020.

El pasado 24 de septiembre, en el acto de presentación del I Premio de Novela Ciudad de Estepona, el alcalde de la ciudad ya se mostraba convencido de la buena aceptación que tendría este premio dentro del mundo de la literatura: «Apostar por la cultura es contribuir a crear una sociedad más humana, preparada e involucrada en los retos de futuro», comentó.

Por su parte Antonio Pedraza, presidente de Fundación Manuel Alcántara, destacaba que «la excepcional dotación del premio y el prestigio de los componentes del jurado, serán sobrado respaldo para asegurar la calidad de la obra premiada y convertir la convocatoria en un referente en el reconocimiento a la labor literaria».

Teresa Soto gana el III Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro / Fundación Centro de Poesía José Hierro


Ya conocemos el fallo del jurado de esta tercera edición, que se cerró el pasado 10 de septiembre con la extraordinaria participación de 530 poetas de más de veinte nacionalidades.

Reunido el jurado del III Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro / Fundación Centro de Poesía José Hierro, compuesto por Manuel Borrás (director editorial de Pre-Textos), Jordi Doce (poeta), Ada Salas (poeta), Erika Martínez (poeta) y Julieta Valero (directora de la Fundación Centro de Poesía José Hierro), y actuando como secretaria sin voz ni voto Mayka García, acordó por mayoría otorgar el premio a la obra titulada Crónicas de I. Una vez abierta la plica, su autora resultó ser Teresa Soto, de Oviedo, residente en Madrid.

El jurado destacó que se trata de una propuesta depurada, intensamente lírica y contenida a la vez, que revitaliza los códigos del lenguaje de las Crónicas de Indias. El libro, recorrido por la vivencia renovadora de la extranjería y el asombro ante lo ajeno, invita al lector a compartir el descubrimiento de un mundo nuevo.

Teresa Soto (Oviedo, 1982) es autora de Un poemario (Rialp, 2008), Erosión en paisaje (Vaso Roto, 2011), Nudos (Arrebato Libros, 2013; Noeuds, incorpore-L’herbe qui tremble, 2018). Obtuvo el Premio Adonais de Poesía por su primer libro en 2007. Ha vivido en Estados Unidos, Italia, Egipto y Líbano. Actualmente reside en Madrid.

LI Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro 2018


El Excmo. Ayuntamiento de Barbastro convoca el L Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro 2020

La dotación del Premio es de 15.000€ y la obra premiada será publicada por el Excmo. Ayuntamiento de Barbastro junto a la Editorial Pre-Textos que, además, la distribuirá.

Puedes consultar las bases completas:

BASES LI PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA CIUDAD DE BARBASTRO 2020

Plazo de entrega: 15 de febrero de 2020

+ Ver todos los libros ganadores de las ediciones anteriores.

Más informaciones: www.barbastro.org

Lidia Bravo gana el Premio Unicaja de Poesía


La escritora malagueña Lidia Bravo ha sido elegida ganadora del 34 Premio Unicaja de Poesía gracias a la obra La muerte de Christopher Reeve, tras haber sido seleccionada entre más de 200 trabajos procedentes de varios países. Fuentes de la Fundación Unicaja explicaron que el poemario ganador está compuesto por un único poema que, en opinión del jurado, «mide bien sus intensidades y su ritmo mientras va contando cómo una mujer va accediendo al conocimiento de sí misma en medio de un mundo complejo, contradictorio y en ocasiones desleal».

Se trata, según el veredicto leído este martes en Cádiz, de «un poema lúcido y desengañado», además de «un reto difícil, ya que no es sencillo que un poema de tantas páginas no decaiga».

El jurado de la 34 edición ha estado compuesto por Abraham Gragera, Elena Medel, Juan Ceyles, Erika Martínez y Manuel Borrás, en representación de la editorial Pre-Textos, donde se publicará el poema ganador. Sus miembros han destacado «la elegancia y buenos recursos» del trabajo literario de Lidia Bravo.

20-05-2016. THR WEDDING PRESENT.MARILU BAEZ