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Barca llamada Every de Jorge Gimeno, por Rafael Morales Barba


Jorge Gimeno es un poeta diferente. Siempre lo ha sido su ritmo interior, singular, amasado en la respiración y caminar propio, decía Claudio Rodríguez, inequívoco. Su aventura expresiva y de su tiempo, generándolo también, pero sin atender demasiado a los lados. Quizá esa sea la idea apetecible, renovadora, surgida sin trampa en un paladeo íntimo, versos reticentes, plasticidad pensante y estar en el mundo, pese a las apariencias. Y así ha vuelto a sorprender con Barca llamada Every. No en la fórmula, sino en la declaración y silabeo maduro, indagación emocional, no tanto verbal o renovación, sí intelectual. Y en la evolución de los poetas con mundo interior sin eco de ecos. Así se presenta este traductor, por lo que me cuentan espléndido, de los barrocos franceses o en su avanzar desde el yo, atender al perímetro. A lo rural como presente en su diario lírico pensativo ­­ (una realidad muy distinta a de Fermín Herrero desde este ámbito, pues interioriza el deletreo desde la modernidad), atenta a lo próximo, sin logolalias a lo Robert Lowell, Henri Michaux o John Ashbery (Dios nos libre).

 

Una estética nueva propuso en sus comienzos, auguró, intimidad rural hoy tanto como fue cosmopolita aquel yo de inicios, versos peripatéticos, paseantes y pensantes; aplicados a una voz reflexiva, sobresaltada entonces tanto como destilada con parsimonia, distinta en sus recorridos por el mundo. Las suyas, entonces y ahora, algo menos crispadas, sus palabras atentas al potro de tortura de lo escultado, llagan y llegan al espacio habitable, dirían Bachelard y Durand al unísono. Los otros, los de fuera, están (entran) en ese espacio íntimo principal, pues sus versos tienen su circunstancia, pero no el peso del yo atento en su deambular cerrado, íntimo. En su derrota de ser en la “palabra”, dijo María Zambrano, o el sabido adentrarse en el poema “dentro”, renovado en su estupendo saber contarse, silabeado y pensante, deliberativo, explayado en do menor frente a refritos neovanguardistas, logolalias… realismos narrativos, plasticidades hueras, fatuas, artificios, siempre sin alzarse, astutos. Y sin la María Zambrano en la boca del país (pese a no haber entendido lo primordial del poema, la palabra, y nunca el pensamiento sobre el canto (por ahí anda el poema en YX de Mallarmè para demostrar lo contrario). La poesía no es filosofía cuando la filosofía ya ni es fenomenología. Piensa, y solo cuando quiere, poéticamente, por supuesto, pero es un artefacto verbal, seductor, emocional, sin exclusiones, en poetas con algo dentro. Es el caso. En realidad, lo primordial, es todo lo contrario a cuanto canta Zambrano. Hasta Jorge Manrique sintió y heredó, más que pensó (o Antonio Gamoneda, salvadas las distancias, siglos después, no se malinterprete).

Barca llamada Every llega sin cambios radicales en la fórmula, sí en la espiritualidad de fondo, evolución del sobresalto hacia una decantada morosidad, asentamiento en el estar. En puridad no renuncian sus guiños al silabeo español más atractivo al día de hoy tras un espíritu radicalmente distinto a Espíritu a saltos (2003). Y el anunciado desasosiego del aquel allí, hoy conciliado y en calma, pese a ese paseo del ensimismado por el área rural, a la que atiende, le sorprende, entretiene, consuele, ironiza puntualmente, solo a veces, y duele, ama. El territorio irracional, mágico, elíptico y con ancla echada al fondo en fórmula o fragmento, yuxtaposiciones, metáforas inéditas, imposibilidades y renuncias, irónicas a veces, tiernas hoy como nunca, continúan como herencia, eclipsadas en lo fundamental, pero aceptadas. Ahora, con el libro en su reclamado zen, perspectivas sarcásticas o resistencias, es capaz de asumir contrarios, como no podría ser menos en los buenos poetas, cuando crecen y gritan su vacío. Quizá habría que pedir algo más en la fórmula a esta psicología atenta hecha verso, estupenda, renovadora, o algún cambio de ritmo, porque seguramente con este libro la modernidad española, para quien esté atento, cierra un ciclo. Al menos Jorge Gimeno lo concluye. Fue quien lo inició hace mucho tiempo en estos términos. Y se le ha reconocido poco.

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