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Archivo de ‘Palabra de editor’

Presentación Rastreos, de Tomás Segovia


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No les hemos convocado hoy aquí para un acto más de presentación de un libro, al menos yo y lo que represento, sino para crear un ambiente.
Y para empezar diré: “¡Que le den morcilla a los mercados!” Tratemos al menos por una tarde de olvidarnos de este terrible estado de cosas creado por una entelequia, por una especie de abstracción llamada “los mercados”. Pero ya venimos hablando demasiado de ellos en estos primeros segundos de mi intervención. Así es que ni un segundo más. ¡Basta ya!

Vayamos, pues, a lo nuestro. Por qué no seguimos las huellas de la hospitalidad que nos brinda esta tarde la poesía y el grato refugio de la Casa de América y, siguiendo la invitación de nuestro poeta en su último “Rastreo”,

hacemos: de la tarde una callada fiesta
Morosa y desenvuelta
Dejando sus espacios bien barridos
De toda adversidad
Y toda adversidad del mundo lejos

¡No huyáis! No penséis que con esto proponemos una forma de evasión. Escuchemos si no de nuevo al poeta:

Vuelve en paz a tu sitio Pusilánime
Descubrir la belleza del momento
No es saltar a otro mundo
Es no desdeñar nada (más…)

La confesión de Carmen


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He de agradecer en primer lugar a la cartelera Turia y a Vicente Vergara en particular el haber incluido este acto dentro de los XXI Premis Turia, así como al Centre Octubre por darnos acogida en sus locales, y cómo no a Susana Fortes por ofrecerse graciosamente y sin dudarlo un sólo instante para presentar hoy el libro de Román Gubern y al propio autor por confiarnos en su día la publicación de La confesión de Carmen.

Susana Fortes es gallega y valenciana de adopción, también historiadora y profesora de Historia del Arte en un Instituto de Valencia, pero ante todo sus dos grandes pasiones son la escritura y el cine, hasta el punto que confiesa «seguir la sintaxis cinematográfica para muchas de sus novelas». Como narradora lleva ya publicadas una decena de obras. Comenzó publicando aquella inolvidable Querido Corto Maltés en Tusquets, el año 1994 y desde entonces su carrera literaria viene jalonada por una serie de galardones con títulos como Fronteras de arena (Premio Primavera de Novela, en Espasa) o El amante albanés, finalista del Premio Planeta en 2003 y, más recientemente Esperando a Robert Capa, que obtuvo el Premio Fernando Lara. Su última novela es La huella del hereje. Pero también es autora de Adiós, muñeca (2002), una selección de artículos sobre cine. (más…)

La eternidad y un día


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¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Hace ya más de 3 años que nos dimos cita aquí mismo para celebrar y presentar a la primera criatura poética que salió de la mano de José Saborit: Flor de sal.
Pues bien, después de, como digo, más de 3 años, que, se me antoja, han pasado volando, presentamos hoy a su segundo vástago lírico. Esta nueva epifanía poética nos habla precisamente de eso, del paso del tiempo, de lo rápido o lo lento que puede parecernos a veces ver pasar el tiempo, del pasado, del instante, del futuro y hasta de la eternidad y un día, como reza su título a modo de condena, pero también de esperanza, y de la memoria y del olvido, del carpe diem y del mundo de los sentidos que vienen a dar cumplida cuenta de lo vivido, del cuerpo, de la vida en suma, pero también de la muerte, del transcurso de las edades en el individuo y de las estaciones en la naturaleza y del fin de ésta o de parte de ella y hasta del fin del mundo. De hecho el libro arranca con estos desesperanzados versos:

Fue de nadie al principio
Y de nadie será cuando termine
La cíclica andadura
De este terco planeta en que habitamos,
Cuando ya todo sea
Leve polvo de astros, limaduras de nada (más…)

El Berlín de Ales Steger


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Ales Steger nació en Ptuj (Eslovenia), en 1973. Es uno de los representantes más brillantes y eclécticos de la nueva literatura eslovena. Escritor cosmopolita, traductor, crítico literario, fotógrafo, incansable trotamundos, Steger es también creador y organizador de diversos festivales y eventos literarios. Y autor asimismo de varios libros de poesía, de diversas traducciones y de un relato de viaje a Perú, Enero en medio del verano. Ha sido editor de algunas recopilaciones de poetas eslovenos y ha traducido, entre otros, a Pablo Neruda, Gottfried Benn e Ingeborg Bachmann. 
Con Berlín obtuvo en Eslovenia el Premio Marjan Rožanc por el mejor ensayo de 2007.

“Berlín es un monstruo. Berlín es la ciudad más maravillosa del mundo.”
Entre estos dos polos se desarrolla el relato del libro de Ales Steger que hoy presentamos.

La mirada del turista o del extranjero es despiadada, escribe el premio Nobel, Elias Canetti, en Las voces de Marrakesh, con el que el libro Berlín tiene más de una similitud. Esa actitud despiadada no es otra que la del extrañamiento, el poder observar y analizar las cosas, tras la inmediatez de la experiencia, con la distancia que provoca el recuerdo o el mismo proceso de escritura una vez se trata de plasmar la crónica de los hechos, las personas o las cosas con las que uno ha convivido en ese espacio que nos resulta ajeno.
Y la forma más acendrada de distanciamiento o del “Verfremdung” brechtiano tal vez sea el sentido del humor, que nos salvaguarda de esa amenazante, por desconocida, realidad, al mismo tiempo que nos acerca a ella como ningún otro gesto de aproximación. – O tal vez baste con dejarse un simple bigote, como atestigua el autor.
En este sentido cabe agradecer el fino sentido del humor que recorre las páginas del libro de Ales Steger. (más…)

La «Brújula ciega» de Juan Ramón Barat


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Esta “Brújula ciega” de Juan Ramón Barat reúne lo que denominaría un conjunto de poemas de intemperie, que pivotan en torno a un eje, una fotografía, la fotografía que se describe en el primero de los poemas del libro. Esa visión del padre niño –con quien el poeta acaba por identificarse, que aparece en una fotografía antigua, y el diálogo con él, despliega o sirve de pretexto para desarrollar una lírica de sombras y de luces, de claroscuros, de oscuridad que desembocará irremisiblemente en luz, por el simple hecho de estar vivos y por virtud de la música y del amor. El estupor ante la muerte que destila la fotografía del padre, que destila cualquier fotografía como tiempo detenido, da inicio a un viaje iniciático entre tinieblas, sin más arte de navegar que una brújula oxidada. Una brújula ciega que ya no marca el rumbo de la vida y que sume al “ciego navegante”, tras comenzar su singladura, en la más absoluta soledad. Parece como si el poeta observase el mundo desde el interior de una cámara oscura, “con los ojos cerrados”, “anegado en la luz de la memoria” (nos dice en su poema “El Paraíso perdido”), desde la que, abandonado el mundo de la infancia, todo se le antoja soledad y muerte al verse sometido a la hostilidad del exterior. La sensación de extrema soledad y de extremo aislamiento lo exponen a la intemperie del mundo, “un mundo en blanco y negro del que nada perdura”. Hasta la gran biblioteca se le antojará una gran necrópolis a la que el escritor ha pertenecido desde siempre, nos confiesa, tras ver salir volando, empujada por una leve brisa, una flor disecada al abrir un libro. Soledad, muerte, memoria y olvido se aúnan, pues, en las imágenes de este poema central del libro. También en él la realidad y la ficción nos interpelan, pues, como lectores, formamos parte asimismo de esa necrópolis universal, de esa biblioteca que, sin embargo, nos trascenderá. Primer atisbo de luz en la ya mediada navegación por la que nos viene guiando el “navegador ciego”. Pero presumiblemente no serán los libros los que nos devuelvan a la luz, ¿o tal vez sí?, sino la música y, una vez ya por fin a la intemperie, el amor a cuanto nos rodea. Y no cualquier música, sino esa “música callada” que da título a la última parte del libro y que aboca de nuevo al poeta y al lector a la soledad, pero esta vez sonora, abierta al mundo, de reconocimiento del uno en la soledad del otro y a la inversa, compartiendo ahora sí, por la palabra, el mismo estupor ante la muerte.

Segunda parte de Javier Montes


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¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas?

No puedo dejar de citar Los penúltimos, la primera y penúltima novela de Javier Montes, para tratar de esta su segunda novela, Segunda parte. Y no porque Segunda parte sea la parte segunda de la primera, sino porque ambas comparten inquietudes y rasgos comunes. El primero de ellos y leitmotiv en ambas, la soledad, de la que se deriva el problema de la comunicación entre las personas en Los penúltimos y, en Segunda parte, el de las personas entre sí y el de las personas con las cosas. También las formas de amar de cada cual a su manera.
En segundo lugar, tanto en la una como en la otra, la ciudad de Madrid aparece como telón de fondo en el que se desarrolla íntegramente la acción. En Los penúltimos es un Madrid nocturno de discotecas y bares de copas. En Segunda parte se trata de un Madrid anclado tanto en la Memoria, en los recuerdos de algunos de los personajes y en las imágenes fotográficas del pasado, pero inmerso al mismo tiempo en la actualidad. En ella su autor elige las noches de verano como un espacio sin memoria que impregna la acción de una rara melancolía. (más…)

Kolkata


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La creación y puesta en marcha de PRE-TEXTOS ÍNDIKA nace como una respuesta a la demanda de información del lector en español sobre la cultura de la civilización india. El objetivo de la colección es acercar al lector el pensamiento y las artes de la civilización india a través de los libros más significativos del campo a nivel mundial. Un catálogo riguroso y consistente que sea capaz de condensar el espíritu de las diversas tradiciones a través de los escritos de sus más prestigiosos investigadores.
La inmensa diversidad de visiones metafísicas que ofrece el sur de Asia (India, Nepal, Pakistán, Tíbet y Bangla Desh y Sri Lanka) y el interés creciente sobre esta civilización nos anima al lanzamiento de una colección que ofrezca una visión esclarecedora de sus diversas tradiciones textuales: literatura, filosofía, astronomía, mitología, medicina…

Hasta la fecha han aparecido 4 títulos en esta nueva colección:
1. El prodigio que fue India, de Arthur L. Basham
2. Patañjali / Spinoza, de Óscar Pujol y Atilano Domínguez. Este libro pertenece a la serie Afines, dentro de esta misma colección, serie que se ocupa de establecer paralelismos o afinidades entre los pensadores hindús y occidentales, de la mano de reconocidos especialistas en cada uno de ellos.
3. El monje budista, de Mohan Wijayaratna
4. Kolkata, de Juan Rayos. Con el libro de Juan Rayos, Kolkata, abrimos otra serie, dentro de la colección PRE-TEXTOS ÍNDIKA, destinada a ofrecer una imagen de India a través de la escritura y la fotografía.
5. (en preparación): Vasubandhu / Berkeley, de Juan Arnau y Carlos Mellizo (más…)

Pre-Textos a la alza


Por Raúl Olvera Mijares, Revista Replicante.

Hace cosa de algunos meses, cuando iniciaba mi taller de traducción literaria, di en la Gandhi de Monterrey, una de las filiales más bien organizadas, con un esbelto volumen, de pastas en cartoncillo sin plastificar, impreso a dos tintas (negra y verde), cuya única ilustracion era la escueta y delicada viñeta de un arlecchino. El título alemán, Es steht noch dahin, traducido como “Aún no está decido”, atrajo de inmediato mi atención. Al hojearlo vi que eran prosas breves, poemas en prosa, brevedades o como llamarlas se quiera, un género que me resulta conocido y que yo mismo he cultivado…

Leer la reseña completa aquí

«Todavía las armas, todavía las letras»


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Están ustedes ante un portento, Andrés Trapiello, poeta, narrador, diarista, ensayista, biógrafo, crítico, bibliófilo, editor (de Trieste y de La Veleta), dibujante y excelente tipógrafo (como a él le gusta que se le nombre, no “diseñador gráfico”), además de buen amigo, que lleva ya escritos más de 50 libros. Entre ellos, dieciséis dedicados al “Salón de pasos perdidos. (Una novela en marcha)”, su ingente Diario, que la editorial que represento lleva editando desde hace ya muchos años. Pero esto no pretende ser, por mi parte, una introducción de nuestro amigo Andrés para que pueda terminar figurando en la Guía Guinness de récords nacionales o mundiales, bien al contrario, algo así se quedaría corto si nos atenemos a las calidades de sus trabajos, que no a la cantidad.

Veamos si no algo de lo que se ha escrito acerca del “Salón de pasos perdidos”:
Ramón Gaya, en la presentación a Locuras sin fundamento, segundo tomo del Diario, en la Galería Guillermo de Osma en Madrid ya vaticinó:
“Creo que estamos ante un escritor muy válido, muy considerable, un magnífico escritor”. (más…)

Ramón Gaya o para recordar el futuro


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Seguro que habrá alguien a quien le parecerá una contradicción en sus términos, cuando no una extravagancia, el hecho de haber titulado mi conferencia “Para recordar el futuro”. En el caso de mi relación con Ramón Gaya, no puede cobrar más sentido esa aparente paradoja. Cuando pienso en mi muy añorado amigo, no consigo recordar el pasado, retrotraerme a él, sino sólo instalarme en el futuro al que apuntó su vida, su obra, su pensamiento. Su magisterio señaló, sin querer, un más allá que trascendía siempre el momento en el que estábamos recibiéndolo sus amigos, que nunca acólitos. Sus amigos, en contra de lo que se ha dicho, no constituíamos ninguna camarilla ni círculo iniciático. Ramón Gaya jamás impartía enseñanzas, en todo caso las compartía. Su fe era demasiado sólida y profunda como para erigirse en maestro de nada, o tener la más mínima tentación de subirse a un púlpito. Fue un ser excepcional porque supo reconocer la excelencia del hombre común, la excepcionalidad del desprejuiciado, frente a la del intelectual resabiado y que da todo por cerrado, por sobrentendido. Ese que se coloca ante una obra, no como lo hace un hombre –con su compuesto natural de ignorancia y saber–, sino como un perito, como alguien que ha dejado de ser persona para convertirse en algo, según sus propias palabras. Y es a partir de ese instante cuando todo lo que le sucede a ese ser artificial no le sucede ya dentro de un espacio vivo y entre seres vivos, sino entre cosas, entre simples cosas inanimadas. El hombre al convertirse en cosa, al intentar locamente ser objetivo, ya no es capaz de sentir la cercanía de los otros seres vivos, la fraternidad; tampoco de escuchar ni de prestar atención, uno de los grandes males de nuestra época. Habría, en fin, que tratar de ejercitarse más en conocer, reconocer, recordar el futuro. (más…)