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Jardín nublado de Francisco Brines


Jardín nublado de Francisco Brines

NOVEDAD EDITORIAL MARZO 2016

Jardín nublado de Francisco Brines

COLECCIÓN LA CRUZ DEL SUR / ANTOLOGÍAS

En Jardín nublado hemos recogido una muestra representativa de la poesía de Francisco Brines, junto a una selección de poemas inéditos. Así, la «casa u hogar» despliega una retórica arquitectónica y un modo de pensar los espacios –interiores o exteriores– que la conforman, como las habitaciones o el jardín. Los balcones dan al jardín o huerto, se divisa desde ellos el mar al fondo… Entre la casa y el sujeto se establece un vínculo identitario que, huyendo de cualquier proceso esencialista, tiene que construirse, edificarse, reestructurarse, repararse, reformarse, etcétera. Correa de transmisión en ese vínculo es el estado de ánimo, la mirada con la que se afronta esa realidad, ese paisaje del que no sólo formamos parte sino que somos protagonistas. Y el jardín nublado se presenta como un correlato de nuestro estado de ánimo. Nada hay eterno, reza la máxima lucreciana, y la cita espolea el pensamiento epicúreo que rebosa esta poesía. La herencia grecolatina, tan del gusto del valenciano, y su poética materialista que huye del idealismo trascendente y se afana por la experiencia sensible, aferrándose a sus signos, definen con precisión la obra de Brines.
Juan Carlos Abril

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Regreso a Elca


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Si para mí ningún tiempo pasado fue mejor, para Francisco Brines es todo lo contrario. Para él el presente sólo sería brasas, sino hubiera amado a la vida sobre todas las cosas. Con todo, nada queda de aquel fervor, y en el momento en que vive no hay lugar para la esperanza. El dolor ofrece a algunas personas la sabiduría que la inocencia les niega. Nos viene a decir: ojalá se pudiera mantener el entusiasmo pasado, y en el presente sobrevivir a la dulce e inocente espera de la nada. Sin embargo eso no es así, el epicúreo que habita en nuestro poeta contradice también esa hipótesis. La juventud no regresa y si vuelve es sólo bajo la apariencia del objeto de deseo recobrado efímeramente. Si la infancia constituyó nuestro paraíso y la juventud la patria de nuestro anhelo, es porque se vivieron con tal intensidad que somos capaces de actualizar instantáneas de ambas en el momento presente. Eso antes de consolar hiere al que sin resistirse al tiempo no deja de padecer el paso del mismo. A menudo ni siquiera nos queda el consuelo de recordar la imagen de la juventud recobrada a través del otro. El visitante nos abraza, es la juventud recobrada, no tanto como pasado sino como señal de que para nosotros vivir significó también amar.
Hay un libro ideal que todos hemos entrevisto en nuestra infancia. Ese libro suele tener su origen en un lugar, en un paraíso perdido. Se trata de unas páginas que han tenido que ver con nuestra vida, un «libro» en el que se escribieron cosas que nos concernieron y siguen perteneciéndonos. Si en alguna parte sobrevive la infancia es en nuestro interior. No podemos perdernos de vista a nosotros mismos. Porque Francisco Brines no ha podido perder de vista al que fue, ha recobrado la casa de la infancia. Para todos los que le conocemos Elca adquiere un eco mítico del mismo modo que La Casería del Conde en el caso de José Antonio Muñoz Rojas. A Elca se puede ir de distintos modos. Se puede acceder a través de muchos de sus poemas, de una sensibilidad muy precisa…, pero ir allí es ir hacia la poesía de Francisco Brines, hacia la infancia recuperada a voluntad, como diría Baudelaire. (más…)