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«El estupor y la maravilla» de Pablo D’ors


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Si hubiese que poner titulares a la crítica de esta novela yo elegiría, extraídos del propio libro: APRENDIENDO A VER, EL MILAGRO DE LO BANAL o el más poético de LA PERLA DE LO COTIDIANO. Novela de la que, por otro lado, les aseguro que no me hubiese gustado haber sido su editor para poder decirles hoy, sin ruborizarme, lo que acerca de ella tengo pensado decirles. Y es que no desearía que me confundiesen, al expresarlo, con una persona vanidosa, que sin duda puedo llegar a ser, pero en otro orden de cosas, no en las que conciernen a la literatura, a la buena literatura. De ahí que para expresar lo que concita en mí esta novela quisiera dejar de lado mi condición de editor y adoptar la que, sin duda, también es condición de todo editor que se precie de serlo, la de lector. Y como lector les digo que ésta es una de las mejores novelas que se hayan podido escribir en España en los últimos tiempos. Así de claro. Y si me apuran añadiré que si el lector común llega a simpatizar con ella puede convertirse, con el paso del tiempo, en una novela memorable. Quiero decir con esto que puede convertirse en universal, así de claro también. Porque está destinada al lector común y al común de los lectores de cualquier país, pues aun siendo la novela de un escritor español, trasciende los lugares comunes a que nos tiene habituada la narrativa patria. Porque, como en toda gran novela, lo más elemental, sencillo, humilde y cotidiano consigue revelar todo un universo y en este caso, además, mediante algo que nos es tan cercano como nuestros sentidos y también mediante la imaginación de lo real a través de ellos. Es una novela llena de humor, de aparente ingenuidad, de ternura, de compasión y amor por los seres animados e inanimados, de sentido de la realidad y, al mismo tiempo, de una imaginación desbordante, magistralmente estructurada, carente de cualquier tipo de pedantería y en la que el lector se siente a gusto a lo largo de todas y cada una de sus más de cuatrocientas páginas, guiado por una escritura aquilatada, precisa y, en ocasiones, deslumbrante pero sin alharacas, por decirlo de algún modo, sin estilo aparente, pero de una elegancia suprema. (más…)