La sentencia de muerte de Maurice Blanchot
Más allá del gusto barthesiano por la frase relampagueante, es verdad que en Maurice Blanchot se cumple aquel dicho del autor de Le plaisir du texte de que sólo existe la escritura. En efecto, la reflexión crítica se ha dado en él la mano con la actividad creador en fusión profunda. Reproducción del mito órfico, la literatura trata de vencer a la muerte, y así la palabra nace para sustituir al ser y, paradójicamente, salvarlo. La vasta obra crítica de Blanchot y su meditación sobre la palabra poética se unen en la misma busca del lenguaje total suficiente. “Escribir -se lee en El espacio literario- no es el simple amontonar artificios embellecedores; comienza sólo cuando escribir es la aproximación a este punto, donde, en el seno de la disimulación, hablar aún no es sino la sombra de la palabra, lenguaje que es sólo su imagen, lenguaje imaginario y luegnauje de lo imaginario, lenguaje que nadie hablar, murmullo de lo incesante y de lo interminable al que hay que imponer silencio, si quiere al fin hacerse oír”.
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