Es la propia estrechez de nuestro entendimiento lo que nos da el impulso. Concentramos el tacto, el filo de la lengua, torpemente, para entrever esbozos del tercio distinguible de las cosas. Poco más que primates atentos al lenguaje, pensamos la belleza con el bronco acertijo de las definiciones y la fibra desnuda que estalla en la palabra.
Simples códigos bastan para obrar sucedáneos -vahos sin matiz, remedos sin enigma-, en todo el fuego del fuego de un instante comprimido en su ascua, ahogado en su simpleza primitiva.
Vemos sin ver, oímos con oído insuficiente mientras despliega el mundo, su feudo de materia imprevisible: un ruido incandescente de las nubes, el tacto en la corteza de ciertas melodías, su extensión de varices dolorosas, opacas, ciegas de belleza
“Ineptitud de los poetas”, de Andrés Navarro
Andrés Navarro nació en Valencia en 1973. Es arquitecto por la U. P. V. La fiebre es su primer libro publicado.